Bueno, el camino que me restaba era corto, "cortisimo", sólo unos cuantos kilómetros -cuatro o cinco- así que a las nueve, un poco antes me largué a andar. Sentía que el camino se me había vuelto corto y tenía ganas de más, si hubiera tenido más días, o haber empezado desde antes, quizás. Alargué lo que más pude el recorrido, que era todo urbano, con los coches y demás pasando por ahí, la gente que ni te mira, es que están tan acostumbrados a los peregrinos que ya no les causa nada. Al final, se ve rapidamente la Catedral de Santiago y entonces vas recto, entras por un lado, por la puerta lateral izquierda si la miras de frente, y cuando sales de esa puerta, que es como un tunel con escaleras, entras a la Plaza del Obradoiro, y te tienes que dirigir al centro donde está el centro, el kilómetro cero de camino, y allí siempre hay peregrinos y al llegar todos los que están allí te saludan y te dan la en horabuena, es super bonito, después tu haces lo propio con los que vienen más atrás; te quedas mirando y ves a la gente con lágrimas en los ojos y es emotivo. Luego rápidamente te vas a un lateral de la catedral y te dan la famosa Compostela, que es la que acredita que has hecho, al menos, los últimos cien kilómetros a pie y te ponen el último sello en la credencial, es tan guay que te da una cosa por dentro, una felicidad muy especial. Luego a la misa del peregrino y allí nombran a los peregrinos que llegaron a Santiago ese día, el cura dice "llegado desde Roma dos italianos y alemán, desde León, un español y francés,,,etc. y después desde Astorga, uno de Gran Canaria y dos alemanes" pues se supone que el de Gran Canaria era yo, y te quedas mirando. Pero, bueno , la misa muy bonita, hasta comulgué y todo, le das el abrazo a Santiago en lo alto y después vas a los restos del Apostos y rezas, pués es que si eres peregrino hay que hacer todas estas cosas todos los hacen, creyentes y no creyentes, aquí solo eres peregrino.
Bueno después de todo eso, viene el almuerzo con los que llegaron contigo que conocías desde hace varias etapas atrás y te despides. Yo como a eso de las cuatro, pensé ¿que hago? pués me fuí otra vez, al Monte Do Gozo, porque allí estaban los que venías conmigo, que llegaban al otro día, y de repente me vieron por allí, estaban lavando la ropa y sas el colega, y nos pusimos a reinos y como yo me iba al otro día, pués nada mejor que una cena de despedida, fantástica, parecíamos que nos conociamos de toda la vida, lo triste fue despedirnos; mi caso es que, el viernes, despúes de esperanlos en la Plaza del Obradoiro, comimos y después otra vez, en la Plaza justo había un taxi, así que lo llamé, y la despedida fue triste, pero contento por la experiencia vivida, todos saltando y despidiéndose de mi, lindo.
Son las cosas que tiene El Camino, no hay que tener apegos, pero la humanidad y los sentimientos de amistad que nacen en tí no los puedes apretar y ser frío y nada más; pero para siempre nos quedará esa amistad y los recuerdos y valores que recoges por El Camino.
Me gustó tanto, que ya estoy haciendo planes con Mabel para el próximo año, si Dios quiere, hacer otra ruta y la misma pero desde más lejos, o quizás llegar al Finisterra, al fin de la tierra para los medievales.
Cuando llegué, al otro día estaba cansado y con sueño, como si estuviera débil, y un poco despistado, es que es dificil el cambio a la vida real, pero ya estoy aquí.
Valió la pena. Y, "BUEN CAMINO"................................................................